A la memoria de mi padre, Atanagildo Del Corro, que apenas había hecho la escuela primaria pero que, siendo muy inteligente, se había convertido en un gran lector, lo que trató de transmitirme desde muy pequeño, libro “Upa” de por medio, de manera que a los cuatro años ya había logrado que yo pudiese leer y escribir y realizar las cuatro operaciones básicas de las matemáticas por lo que hasta saltee grados en mi propia primaria.
Introducción
Cuando la actual Unión Europea, el Commonwealth y otros organismos de integración regional no eran siquiera un sueño, un joven argentino, en 1909, en Mannheim, Alemania, lanzó su propuesta de creación de la "Unión Aduanera del Sud" como punto de partida de la integración continental en base a un acuerdo regional que agrupara a la Argentina, Bolivia, Chile, el Paraguay y el Uruguay que posteriormente debiera completarse con el Brasil, aunque sin descartar una participación ab initium del gigante suramericano.
Ese joven argentino, que por entonces contaba con 29 años, fue Alejandro Ernesto Bunge, un ingeniero que se había especializado en Sajonia luego de haber cursado su secundario en un colegio católico y que fuera enviado por su padre a Alemania a estudiar ingeniería para evitar que concretase su voluntad de asumirse como sacerdote, con lo cual lo convirtió en otro tipo de sacerdote, de la causa nacional a la que dedicó sus esfuerzos hasta su muerte en 1943, con sólo 63 años, cuando estaba próxima la llegada al gobierno de alguien que recogió sus ideas económicas y de integración nacional y regional: Juan Domingo Perón.
Aunque Alejandro Bunge pertenecía a esa minoría que gobernaba la Argentina desde Caseros hasta 1916, fue uno de los muy pocos que tuvo la lucidez y el coraje de plantearse una Nación industrializada y moderna. Sus conocimientos técnicos y sus afanes patrióticos le hicieron ganar el afecto de quienes lo conocieron desde sus épocas de estudiante como lo prueba su correspondencia con trascendentes figuras de la época (1).
Esa educación católica lo hizo acercarse al Partido del Centro en Alemania, uno de los grupos que, décadas más tarde, concluida la Segunda Guerra Mundial, diera lugar a la formación de la Unión Demócrata Cristiana, el sector político que más tiempo lleva gobernando desde entonces en el país. Precisamente fueron dos organizaciones del Partido del Centro las que organizaron su charla en Manheim en 1909: la Volksverein (sociedad benéfica para trabajadores) y la Windhorstbund (organización juvenil liderada por Ludwig Windhorst) y su presentador fue el diputado R. P. Knebel, uno de los pioneros del socialismo cristiano. Este sector intentaba representar a la minoría de alemanes católicos frente a la mayoría luterana.
En Alemania se convirtió Bunge en un gran seguidor de las ideas del notable economista Georg Friedrich List, el autor de esa enorme obra titulada “Sistema nacional de economía política” la cual, según se dice, estaba habitualmente sobre el escritorio del canciller Otto Leopold von Bismarck. Frente a los conceptos liberales del pensamiento económico británico, List fue el gran propulsor de las ideas de una economía proteccionista que sirvió como despegue no sólo de su país sino que también fue utilizada, de manera a veces explícita y otras no, en diferentes estados de desarrollo tardío. List se inspiró en su obra en los trabajos del estadounidense Alexander Hamilton, mano derecha de George Washington y gran pensador del desarrollo inicial de su país y fundador del Partido Federal del que también se inspiró Manuel Dorrego durante sus años de estancia en Baltimore. Así es como List fue un gran propulsor del Zollverein (unión aduanera) que hizo que los numerosos estados preexistentes dieran lugar en 1871 a la formación del estado alemán que hoy se conoce, el más joven entre los países de Europa, con excepción de los aparecidos en las últimas décadas como escisiones de las ex Checoslovaquia, Yugoslavia y Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). De hecho se lo considera como el precursor de la actual Unión Europea (UE). Se dice que List también fue leído por Perón como por el brasilero Getulio Vargas, entre otros nacionalistas iberoamericanos.
No hacía mucho que estaba radicado definitivamente en la Argentina cuando en 1918 fundó la “Revista de economía argentina” que editó durante 25 años hasta su fallecimiento en 1943 y de la cual se nutrieron los principales estudiosos de esa ciencia humana en el país y muchos del conjunto de América Latina donde tuvo importantes seguidores como Carlos Ibáñez del Campo, el dos veces presidente de Chile. Bunge, cuya literaria económica había visto la luz en 1913. También escribió varios libros, entre ellos, el más importante, “Una nueva Argentina”, editado en 1940, en el que expuso sus principales ideas, aunque no sin dejar algún flanco débil como su visión racial europeísta que dio lugar a que fuera cuestionado por algunos historiadores económicos que como Sergio Bagú le adjudicaron un rasgo “aristocratizante” y hasta en hombres del campo popular que hicieron más hincapié en ello que en todo lo que significó su pensamiento en el proceso de Independencia Económica que explicitó el propio Perón el 9 de julio de 1947 desde San Miguel de Tucumán. También fue autor de “Las industrias del Norte”, “Riqueza y renta de la Argentina”, y “La economía argentina”, entre otros.
No dejó de prestar atención a su profesión originaria de ingeniero y así es como desarrolló el “Quemador Delta” cuyo propósito ecologista fue el de suprimir los cajones de basura de los domicilios y los carros recolectores de su época transformados luego en camiones. Se trataba de un aparato en el que se podía depositar la totalidad de los desechos para ser quemados y reducidos a ceniza, proceso durante el cual el calor se aprovechaba para cocinar, calentar agua para el baño u otros fines.
Desempeñó diferentes responsabilidades públicas a lo largo de su vida en la Argentina tras concluir sus estudios en Alemania. Se desempeñó en el Departamento de Trabajo (1916-1924) donde llegó a ser director nacional de Estadísticas a partir de 1921introduciendo importantes avances en la materia durante el gobierno de Máximo Marcelo Torcuato de Alvear. Así es que siendo Rafael Miguel Herrera Vegas el ministro de Hacienda tuvo a su cargo primera medición del producto interno bruto (PIB) del país. También organizó las oficinas estadísticas de las provincias de Mendoza y Tucumán.Sus trabajos en la materia fueron reflejados por Hernán Gómez Bollo en “La teodicea estadística de Alejandro Bunge”, libro presentado en 2013. Entre 1920 y 1938 realizó diversos viajes al exterior formando parte de misiones oficiales. Este exponente del capitalismo social fue también docente en las universidades nacionales de Buenos Aires y La Plata donde tuvo como alumnos a economistas que luego, como integrantes del Partido Socialista Independiente, comandaron las actividades financieras, productivas y de servicios del país a partir de 1933 como Raúl Prebisch, Antonio di Tomaso (de Tomaso) y Federico Pinedo.
De su relación con Prebisch nació la implementación del Impuesto a los Réditos (hoy Ganancias) al sugerirle un viaje a Australia y Nueva Zelanda. Ese gravamen, creado en Roma por el rey Servio Tulio, quién había nacido esclavo, a mediados del Siglo VI Antes de Nuestra Era (ANE), con las actualizaciones del caso, mereció el estudio en Australia de Prebisch y posteriormente fue implementado en la Argentina donde en pocos años se convirtió en uno de los principales ingresos públicos que hasta entonces estuvieron casi exclusivamente ligados a las recaudaciones aduaneras.
Sus reflexiones sobre el Tratado de Versalles que puso fin a la Gran Guerra, luego re denominada como Primera Guerra Mundial se asemejaron a las expresadas por John Maynard Keynes en “Las consecuencias económicas de la paz”, donde el gran economista inglés previó, con acierto cuasi matemático, lo que terminó aconteciendo en el mundo de entreguerras y su desemboque en la Segunda Guerra Mundial. Las opiniones de Bunge al respecto fueron escuchadas con atención en los Estados Unidos de América donde pronunciara catorce conferencias en otras tantas universidades de ese país y durante las cuales también profundizó la cuestión de su propuesta en pro de la integración económica de América Latina.
Citando, entonces, a Abel Baldomero Fernández, a 71 años de la muerte de Alejandro Bunge, cabe preguntarse y reflexionar: “¿Por qué, entonces, la vida y la obra del ingeniero Bunge han caído en un sorprendente olvido? Aun quienes se dicen sus discípulos, sus continuadores, no pasan del recuerdo anecdótico o del panegírico necrológico. Pareciera que su voz clamó en el desierto. Sin embargo, su ejemplo constituye un incitante programa incumplido”.
Analizar la obra de Bunge puede dar lugar a un trabajo monumental pero aquí, por razones de espacio en una obra en coautoría con otros destacados historiadores que recuerdan a otros grandes argentinos, se hace una breve síntesis de algunos de sus interesantes visiones económicas, políticas y sociales.
Argentina “país abanico”
Nada mejor que para definir la estructura del país que la caracterización que le diera Alejandro Bunge que cuando como título de uno de los apartados del libro “Una nueva Argentina” escribiese: “La Argentina país abanico”. Es harto frecuente escuchar decir que todas las líneas férreas tuvieron su cabecera en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), cosa que aún es así en las que subsisten al desguace que tuvo ese modo de transporte en la segunda mitad del Siglo XX a partir de la gestión presidencial de Arturo Frondizi y que se profundizara durante la de Carlos Saúl Menem. También se dice lo mismo de las carreteras y de las líneas de aeronavegación. Alguna vez se intentó hacer lo propio con el transporte fluvial como cuando Bernardino Rivadavia, en 1826, quiso tomar un segundo préstamo, luego del de la Baring Brothers, para instrumentar un canal entre Mendoza y Buenos Aires por zonas sin aguas y sin declives y que fuera, felizmente, frustrado por algunos más sensatos y no corruptos como el caso de Manuel Dorrego.
La definición de Bunge da una imagen por lo demás clarificadora. El tornillo donde se ajustan todas las partes del abanico estaba entonces y sigue estándolo básicamente en la CABA a pesar de algunos procesos que se han ido dando en otras regiones del país las que, de todos modos, siguen manejadas por un sistema financiero y de servicios instalado en la gran urbe que en 1994 instrumentó una Constitución Nacional a su medida. Ese sistema hizo que la cuestión no sea solamente trasladarse de un lado para otro con todas las dificultades y la pérdida de tiempo que ello significa sino como, a partir de ello, se generan las diferentes áreas de riqueza a lo largo de todo el territorio nacional, de una manera inequitativa y que convierten al PIB per cápita en una verdadera ficción que surge de la simple división del pib total por la cantidad de habitantes sin atender mínimamente la realidad de quienes viven en lugares diferentes y hacen tareas diferentes. De todas maneras Bunge apela al pib per cápita pero con el desagregado regional
De sus estudios del abanico surge que del total de riqueza generada en el país (5.918,843 millones de pesos moneda nacional), entre el Gran Buenos Aires y la CABA totalizaban 2.715,695 millones y se le adicionaba el resto de la Provincia de Buenos Aires se llegaba a 4.306,916; nada menos que el 72,77 por ciento del total. Del resto del país surgía sólo el 27,23% de la riqueza producida. En ese marco la Argentina mostraba la existencia de tres grandes zonas con epicentro en la actual CABA. Esto mostraba no sólo los palos del abanico como pueden ser los enlaces del transporte sino las bandas que como fracciones de círculo rodean al eje central. Así, tomando en cuenta los estudios llevados por la Dirección Nacional de Estadísticas en 1924, bajo su conducción, y actualizados hasta 1938, la Zona I, o sea la primera banda, la más próxima al tornillo del abanico, tenía un territorio equivalente al 20% del total del país y una población del 67%, todo en un arco con un eje de 780 kilómetros.
En tanto la Zona II, la siguiente banda del abanico, de 220 kilómetros, es decir hasta los 1.000 con epicentro en la CABA, representa el 40% del territorio, el doble que la Zona I, pero con sólo el 25% de la población. En tanto, la Zona III, más allá de los 1.000 kilómetros, tiene el 40% restante de la geografía nacional pero solamente el 8% de la población. La II representaba sólo el 15% de la capacidad económica de la primera y la III el 9% de lo que resulta que en el 80% del territorio sólo se generaba el 24% de la riqueza y vivía el 33% de los habitantes del país. El “abanico” estaba así completado.
La Unión Aduanera del Sud
Cuando Bunge planteara en 1909 en Mannheim, inspirándose en el Zollverein y en las ideas de List la cuestión de “La Unión Aduanera del Sud” el tema de lo que es hoy la Unión Europea aún no había sido planteado. Recién en 1929 el tema fue planteado por el premier socialista francés Aristide Briand al hablar en la Sociedad de las Naciones, luego devenida en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En lo que hace a América Latina, como lo hizo notar el uruguayo Alberto Methol Ferré, gran admirador de Alejandro Bunge, las posturas de éste iban a contar en la región con dos importantes continuadores a partir de 1927 en los chilenos Eliodoro Sánchez y Guillermo Soubercaseaux.
A nivel internacional el 21 de octubre de 1926 banqueros e industriales propusieron una unión euroamericana que integrase a Alemania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Estados Unidos de América, Francia, Hungría, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RU), Suecia y Suiza, pero el planteo no prosperó. Sin embargo, entre el 19 de ese mismo mes de octubre de 1926 y el 22 de noviembre sesionó en Londres una conferencia imperial impulsada por Canadá y Suráfrica que dio lugar a la “Declaración Balfour” y la aparición del Commonwealth (salud común) que abroqueló al RU y medio centenar de colonias con bastante autonomía en un proyecto proteccionista que llevó a la Argentina a firmar con el RU el “Acuerdo D’Abernon” de 1929, devenido en “Pacto Roca-Runciman” en 1933. El Commonwealth potenció su proteccionismo en 1932 con las “Preferencias Imperiales” aprobadas en la conferencia celebrada en Ottawa, Canadá, en 1932.
En tanto Bunge seguía batallando con las ideas de List, en buena medida coincidentes con las expuestas por líderes independentistas americanos como Simón Bolívar, José Francisco de San Martín y José Gervasio de Artigas, entre otros, que más tarde recogieran muchos más, como los argentinos Manuel Baldomero Ugarte, Jorge Abelardo Ramos y José María Rosa (yerno del propio Alejandro Bunge y padre de Eduardo Rosa, quién estimuló este trabajo) o el peruano Víctor Hugo Haya de la Torre.
Su visión integradora nacional y regional se vio reflejada también cuando la Argentina, en 1923, en el marco del lanzamiento de su etapa de industrialización expuesta por el presidente Alvear ante el Congreso de la Nación el primero de mayo de ese año, la Unión Industrial Argentina y otros sectores, hicieron sonar sus reclamos contra las políticas que aplicaban los EUA en perjuicio de la Argentina y otros países, frente a lo cual el presidente de ese país, John Calvin Coolidge, y el secretario del Tesoro (ministro de economía), Andrew William Mellon, replicaron que no iban a dejar de lado sus políticas proteccionistas, frente a lo cual, en 1928, en la Conferencia Panamericana de La Habana, Cuba, el saliente gobierno de Alvear, a través de su representante, Honorio Pueyrredón, planteó sus reclamos frente a los subsidios agrícolas estadounidenses.
Fue en ese mismo 1928 cuando el entonces presidente de Chile, Carlos Ibáñez del Campo, convocó a Bunge para analizar con el resto de su gobierno su propuesta de “La Unión Aduanera de América del Sud” lo que dio lugar a numerosas exposiciones por parte del economista argentino. Esas exposiciones fueron importantes para que se profundizaran, años más tarde, las relaciones entre el propio Ibáñez del Campo, en su segunda presidencia, con el argentino Juan Domingo Perón, en su primera, y brasilero Getúlio Dorneilles Vargas, también en su segunda. Fue una suerte de revival, sin las formalidades del caso, del tratado del ABC (Argentina, Brasil, Chile) que había impulsado el presidente argentino Roque Sáenz Peña y que había caducado en 1930. La destitución de Perón, el suicidio de Vargas y el fin del mandato de Ibáñez del Campo detuvieron ese proceso cuyo intento de reconstrucción se demoró por décadas.
Figuerola, Prebisch y Perón
Entre los seguidores, aspectos económicos del pensamiento de Alejandro Bunge, merece destacarse al catalán José Miguel Francisco Luis Figuerola llegado de España en 1930 tras haber colaborado con el gobierno del general Miguel Primo de Rivera, padre de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, fusilado durante la Guerra Civil en ese país. La influencia de las ideas del general Primo de Rivera ya se había manifestado en la Argentina a través del gobierno de facto del general José Félix Uriburu y de su primo y ministro de Hacienda, Enrique Uriburu.
Figuerola participaba de un ideario que puede calificárselo como autoritarismo social por cuanto se planteaba un firme ordenamiento pero atendiendo las necesidades de los sectores populares. En ese marco compartió los principios sociales de Bunge y sus colaboradores. Estos que siguieron editando la “Revista de Economía Argentina” hasta 1952, nueve años después de la muerte de su fundador en 1943, participaron bajo la conducción de Figuerola, doctor en derecho y filosofía, en la elaboración del plan armado por el “Consejo Nacional de Posguerra”, que presidiera Perón, y luego en la elaboración del “Primer Plan Quinquenal” implementado a partir de 1947.
Los intentos políticos de Figuerola de generar una constitución con rasgos corporativos lo alejaron de los primeros planos, sobre todo cuando Perón y su esposa María Eva Duarte (Evita) convocaron para esa tarea a Arturo Sampay. Desde entonces Figuerola siguió vinculado personalmente a Perón hasta el fin de su gestión en septiembre de 1955 pero ya no volvió a tener cargos relevantes. Sus ideas, de todos modos, habían tenido una relevante importancia durante el período de 1943 a 1946 durante el cual Perón fue una figura decisiva sobre todo a partir de que en 1944 asumiese como presidente Edelmiro Julián Farrell quién llevó adelante muchas de las propuestas de su luego sucesor, como la estatización total del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la sanción del Estatuto del Peón Rural o la creación del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI).
En cambio, el discípulo predilecto de Bunge, Raúl Prebisch, si bien mantuvo su ideario como cabeza de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), su adscripción al antiperonismo lo hizo renunciar a los principios que hicieron que ya a los 19 años, y siendo aún alumno suyo, fuese un hombre clave en el andamiaje bungiano. Por ello, luego de haber impulsado importantes políticas como la ya mencionada creación del Impuesto a los Réditos durante la presidencia de Agustín Pedro Justo, en 1956, apelando a argumentaciones mentirosas basadas en el falseamiento de datos, se sumó a los golpistas y propuso una serie de medidas antipopulares que incluyeron el ingreso al Fondo Monetario Internacional (FMI) lo que se concretó el primero de agosto de 1956. Curiosamente poco antes del golpe del 16 de septiembre de 1955, conociendo su condición de seguidor de Bunge, Perón había convocado a Prebisch para la elaboración de un estudio sobre la realidad argentina, cosa que éste rechazó.
Aunque no exista la historia contra fáctica más que como un ejercicio literario se puede ensayar la ucronía de que, seguramente, Alejandro Bunge, de no haber fallecido en 1943, a partir de la aparición de Perón en el escenario político argentino en ese mismo año, se hubiese convertido no sólo en un intelectual de referencia a partir de sus obras sino, además, en uno de los hombres de su confianza, como el citado Figuerola, sino más allá, en un integrante de su gabinete ministerial en una etapa internacional muy difícil, sobre todo a partir del “Plan Marshall” implementado por los EUA en 1947 y puesto en marcha en 1948, que dejó a la Argentina al margen de sus tradicionales mercados europeos que pasaron a abastecerse centralmente en ese país y algo en Canadá; en este caso a pedido del RU.
Un párrafo de un artículo publicado en 1941 bien pone a la vista su visión de lo que, décadas más tarde, el historiador Marcelo Gullo llamó la insubordinación fundante, la que bien tiene que ver con esos procesos nacionalistas desarrollados en Suramérica poco después de este comentario: “En todas las naciones civilizadas existe una política económica y social propia que se opone a la influencia del exterior. En el nuestro, en cambio, existe la política económica y social que el exterior nos impone. Se trata, en fin de crear una política económica argentina, política que jamás ha existido y que no es tan necesaria como nuestras instituciones sociales y administrativas. La Argentina, por su patrimonio territorial y las condiciones fundamentales de su pueblo, puede mantener una vida en todos sentidos independiente, con la sola condición de hacernos cada día más dignos de nuestra heredad por nuestro propio esfuerzo”.Es, tal vez, por ello, que Carlos Piñeiro Iñíguez, plantea la perspectiva de la influencia de Bunge en Perón, así como también la de Franklin Delano Roosevelt, el cuatro veces presidente de los EUA en su concepción proteccionista.
Relación entre integración nacional e integración regional
Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas, el primero en los debates constitucionales de 1826 y el segundo en su carta a Facundo Quiroga desde la “Hacienda de Figueroa” (en San Antonio de Areco) del 14 de diciembre de 1834, hicieron hincapié en la necesidad de que el federalismo debía asentarse sobre la autosuficiencia económica de cada provincia como los EUA tras su independencia en 1776 y, aunque sin mencionarlo, estaba implícito el pensamiento de Alexander Hamilton que, actualizado por Friedrich List, fue recogido y desarrollado por Alejandro Bunge, el padre de las estadísticas en la Argentina, como lo reconociera el propio Bagú.
En ese sentido Bunge no sólo propuso la integración entre los países del Cono Sur del continente sino que planteó esquemas regionales que implicaran provincias argentinas con sus vecinas de los países limítrofes. Algo que fuera recogido en la Argentina durante el período 1983-1987 por José María Vernet, el entonces gobernador de la Provincia de Santa Fe, cuando impulsó la alianza del Codesul (Consejo de Desarrollo e Integración del Sur) conformado en 1961 por los estados brasileros de Mato Grosso do Sul (que se sumó más tardíamente), Paraná, Rio Grande do Sul y Santa Catarina con el Comisión Regional de Comercio Exterior del Noreste Argentino (Crecenea), creada a su impulso en 1984 e integrado por las provincias de Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe. El acuerdo Codesul-Crecenea, impulsado por Vernet, (autor del concepto de “áreas de soldadura” que dio lugar a la creación en la cancillería de una oficina de Fronteras), mediante la firma del acuerdo de Canela, población rural en Río Grande do Sul, con el entonces gobernador de ese estado, fue concretado en 1988,dando lugar al primer y único acuerdo subregional interestatal, que luego generó acuerdos con el Paraguay en 1989, y que fue anticipatorio del Mercado Común del Sur (Mercosur) pero que a partir de 2005 se encuentra virtualmente paralizado.
En ese sentido Bunge ya había planteado los acuerdos subregionales para dar impulso a las provincias situadas en el “borde del abanico” y así sugirió, por ejemplo, un acuerdo entre las provincias del Noroeste, en particular Jujuy y Salta, con Bolivia; de las del Noreste con el Paraguay y de las cuyanas y patagónicas con Chile. Ese tipo de integración subregional debiera ser clave para las zonas del país más lejanas del tornillo del abanico cuyo comercio en el marco de las relaciones económicas internacionales del país iba a tardar, a su juicio, muchos años en desarrollarse, tal como sucediera y que aún se encuentra postergado con sus consecuencias sobre el desarrollo de esas regiones.
Su propuesta del Noroeste a partir de Salta y Jujuy con Bolivia, dio lugar, en 1974, durante la postrera presidencia de Perón, pero a nivel del sector privado, al Geicos (Grupo Empresario Interregional del Centro Oeste Suramericano) que se mantiene, con peso reducido, en el marco de las ferias internacionales que se realizan en esa región, sobre todo en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Su secretaría general está en la Cámara de Comercio Exterior de Salta y está integrado por empresarios del norte de la Argentina, entre los que tuvo, tiempo después, como uno de sus principales impulsores al ex gobernador de esa provincia Roberto Romero con la ampliación al llamado “Norte Grande”; de la zona suroriental de Bolivia; del centro-oeste del Brasil; del norte de Chile; del Paraguay, y del sur del Perú. Su área de influencia alcanza a los 4.074.593 kilómetros cuadrados con una población del orden de 40 millones. En su desarrollo, a partir de la alianza anti brasilera propuesta por el ex presidente de factoAlejandro Agustín Lanusse con los entonces gobiernos de izquierda de Bolivia (Juan José Torres), Chile (Salvador Allende) y Perú (Juan Velasco Alvarado), y desarrollada por empresarios de la región, había tenido, entre los técnicos que trabajaron el tema a economistas como el mencionado Vernet y el cordobés Jorge Raúl Caminotti, luego ministro de Economía de su provincia durante la gobernación de Eduardo Angeloz y quién, como subsecretario de Comercio Exterior de la Nación, en 1981 durante la etapa aperturista del “Proceso” cívico-militar iniciado en 1976 bajo la presidencia de Roberto Eduardo Viola, también fue un propulsor de la integración regional.
Sin embargo, el predominio de las ideas sobre “hipótesis de conflictos” hizo que los gobiernos argentinos se mostrasen poco proclives a los procesos de integración, con la excepción de los de Perón, hasta la desaparición de las dictaduras cívico-militares que soportó la región entre los años 1960 y 1980. Un caso relevante fue el rechazo del gobierno argentino de Lanusse a la propuesta brasilera de instalar en Corumbá, en el oeste del Brasil, cerca de Bolivia, una gran siderurgia de la Cuenca del Plata para aprovechar los yacimientos ferríferos de El Mutún, en Bolivia, creando una multinacional (en su verdadera concepción, no la que se usa para disfrazar las transnacionales) de los gobiernos de la Argentina, de la propia Bolivia, del Brasil, del Paraguay y del Uruguay.
La paridad cambiaria y el nivel de vida
Es muy interesante, en estos tiempos en los que se habla de la correlación entre las diferentes monedas nacionales como el dólar estadounidense, el euro de la Unión Europea o el recién aparecido remimbi chino, más las monedas virtuales como las que circularon en el mundo en diferentes momentos y que en la argentina propuso ese gran economista Jean Silvio Gesell, un número uno del pensamiento económico para el inglés John Maynard Keynes, hacer un breve repaso del pensamiento de Bunge al respecto.
Precisamente el primero de julio de 1921, 99 años atrás, Bunge publicó al respecto, en el matutino "La Nación", un trabajo titulado "Desnivel internacional del poder de compra de la moneda", reproducido días después en la "Revista de Economía Argentina", y actualizado en 1940 en su obra cumbre, el libro "Una nueva Argentina", para muchos el más serio programa integral de gobierno elaborado en el país.
Bunge sostenía, con razón, que "las variaciones de los niveles monetarios del cambio no guardan exacta relación con las variaciones de los respectivos niveles del poder de compra de las monedas en su propia jurisdicción", de donde resulta que mientras una moneda puede avaluarse internamente para la adquisición de productos domésticos bien puede devaluarse para la adquisición de bienes extranjeros.
Por esa razón, desechaba las comparaciones de precios y salarios locales con los de otros países mediante una mera reducción a una única moneda de cuenta cómo pudieron ser, según las épocas, la onza troy, la libra esterlina o el dólar estadounidense. Bunge ejemplificaba su argumento mostrando estadísticas, una de las cuales exhibía que en 1940 con un peso moneda nacional se compraban más bienes que en 1929 pero menos divisas.
Así es como elaboró un proyecto de ley destinado a mantener los salarios dentro de lo que hoy bien pudiera calificarse como una "banda de flotación". El sistema estaba expuesto en las publicaciones firmadas por Bunge, en las que el economista admitía su aplicación no sería fácil pero añadía:"¿por qué no intentarlo?", ya que, en todo caso "la experiencia iría indicando las modificaciones a introducir" .Como principal impulsor de los organismos de relevamiento de datos de Argentina, de los que es heredero el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), Bunge propició que mediante una ley se siguiera la evolución de los precios de la canasta familiar y los salarios en todo el país, creándose una Comisión Asesora en el ámbito del Departamento Nacional del Trabajo (hoy Ministerio), que dirigió.
Conciencia nacional
Han pasado 99 años e ínterin de por medio se han fortalecido ideas formuladas por Bunge como aquellas de la “conciencia nacional” y del “ser nacional”. Las mismas han sido explicitadas y reformuladas una enorme cantidad de veces, inclusive por el propio Perón, pero el punto de arranque de su formulación también está vinculado a ese ingeniero-economista que también supo ser sociólogo, además de padre de las estadísticas argentinas y otras cosas.
Fue precisamente en el Instituto Popular de Conferencias que poseía el diario “La Prensa” en su viejo edificio de la Avenida de Mayo al 500, hoy sede del Poder Ejecutivo de la CABA, donde en 1924, Bunge planteó la cuestión al señalar que “La conciencia nacional que hubiera nacido sin otro bagaje que el recuerdo de Mayo, de sus clarines y de sus banderas, sería hoy insuficiente”. Era necesario avanzar mucho más y la cuestión económica y el comercio internacional debían ser clave para todo ello.
En ese marco su afirmación, en la misma conferencia, de que “Debemos convencernos (de) que ésta es la última generación de importadores y estancieros. En la próxima generación, la de nuestros hijos, el predominio será de los granjeros y de los industriales. De los hombres de la gran industria, de la industria media, de los artesanos, de los obreros manuales, de los granjeros, que han de multiplicarse también como se multiplican hoy los pequeños talleres de artesanos”, marcó todo el paradigma existente detrás de lo que fue explicitando en sus últimos 19 años de vida. Esa afirmación antes transcripta constituyó una verdad para esa generación de los hijos a través de los cambios que se fueron dando a los que el estado fue estimulando desde entonces hasta la reversión que se dio a partir de 1956 y particularmente durante los gobiernos cívico-militares de 1976 a 1983 y de Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1999, sufrida por los nietos y bisnietos.
Su sentido de la “conciencia nacional” ya había hecho que en 1921 mostrase su preocupación por los sectores más humildes al hacer reformular, como nuevo director nacional de estadísticas los esquemas censales del país. No le habían pasado por alto el “Grito de Alcorta” de 1912; los estudios del socialista uruguayo Adrián Patroni (rescatados recientemente por el historiador Víctor Oscar García Costa) de 1904 formulados en “Los trabajadores en la Argentina”; y el muy poco posterior “Informe Bialet Massé”, elaborado por el médico catalán Joan Bialet i Massé (argentinizado como Juan Bialet Massé) y encargado en su retirada por el ex presidente Julio Argentino Roca. Por ello es que en ese mismo 1921 expresó al escribir “Los problemas económicos del presente”: “Estudiaba las planillas, las comparaba con las estadísticas de otros países y no podía contener mi imaginación que volaba a los conventillos durante la noche para ver el hacinamiento... ¿Cómo se acomodarían ocho o nueve personas? ¿Cómo dormirían? Parecióme respirar la atmósfera viciada, oír el llanto de los niños y las quejas de algún enfermo... Ignoraba la magnitud de esa dolorosa llaga de nuestra capital. Los números me la revelaron en toda su extensión, ya tarde, después de varias horas de estudio, llegué a la convicción y a la comprensión del hecho, el dolor era grande... ¡Cuántas desdichas!... ¿Cómo se podría leer, estudiar, meditar en las horas de reposo, en aquel hacinamiento? ¡Cuánto sufriría la vida de familia! ¡Cómo se reducirían las satisfacciones del hogar!”.
No faltaron quienes iban a recoger esas preocupaciones como el médico y diputado cordobés Juan Félix Cafferata, uno de los propulsores de la construcción del nuevo “Hospital de Clínicas José de San Martín” de la Universidad de Buenos Aires y de los barrios de viviendas populares, uno de los cuales lleva su nombre en la CABA y, algo más de dos décadas después, a través de su vasta política de desarrollo social como, progresivamente, secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra, vicepresidente y presidente de la Nación, Juan Domingo Perón. Por eso, como señalara Abel Fernández, se torna imprescindible rescatar a Alejandro Bunge del depósito de los olvidados para instalarlo en el panteón de los grandes de la historia argentina.
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O’Donnell, Mario (Pacho) y otros; capítulo de Fernando Del Corro; “La otra historia”; Ariel (Editorial Paidós); Buenos Aires (Argentina); 2012.
Piñeiro Iñíguez, Carlos; “Perón: La construcción de un ideario”; Instituto Di Tella, Siglo XXI Editora Sudamericana SA y Caras & Caretas, coeditores; Buenos Aires (Argentina), 2010.
Rapoport, Mario (con la colaboración de Eduardo Madrid, Andrés Mussachio y Ricardo Vicente); “Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000); primera reimpresión corregida; Ediciones Macchi; Buenos Aires (Argentina); 2000.
(1) Transcripción de una carta que le enviase desde París el general Lucio Victorio Mansilla, entre otras cosas sobrino de Juan Manuel de Rosas e hijo del héroe de la Guerra del Paraná frente a la invación (está así, con “c”) anglo-francesa, y autor de los libros “Una excursión a los indios ranqueles” y “Los siete platos de arroz con leche”, el 8 de octubre de 1902: "Querido Bunge: Con muchos gusto recibí su afectuosa carta del 6. Me alegró infinito de verlo perseverante y con salud. Comprendo su anhelo de concluir parar volver a las ollas de Egipto. Pero como no se tomó en una hora, tiene que esperar, - lo cual es la ley de la vida. ¡Imagínese! Si no esperamos, no existiría la esperanza, consuelo y fuerza. Como lo ve, estoy en Paris, en 184 Avenida Victor (está sin acento) Hugo, en un apartamento alegre, muy cerca del Bois, al que le hemos puesto "El Nido", vocablo que Dante aplicaba mucho a los sitios amenos. Por si hace alguna escapada, sepa que comemos a las 7.30 y almorzamos a la 1, y que lo recibiremos como en Berlín, sin ceremonia. Hasta ahora no hace frío y tenemos sol. Que reciba buenas noticias de su casa y que sus sueños de porvenir se realicen son, créamelo, los votos de nuestra simpatía. ¿Qué más? ¿Le puedo ser útil en algo? No deje ociosa la buena voluntad de quien le estrecha amistosamente la mano. Mansilla. Dígame si le mande mi último retrato con sombrero, para remitírselo si no la tiene".

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