El 11 de junio de 1787, 234 años atrás, nació, en la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Manuel Críspulo Bernabé Dorrego, probablemente junto con el argentino oriental, como él se autodenominaba, José Gervasio de Artigas, dos de los mayores federalistas surgidos de las tierras rioplatenses, quién luchara en la guerra de la Independencia iniciada con la Revolución de Mayo y también, lo que es muy poco conocido, fue clave en el proceso de liberación chileno del colonialismo español.
Asesinado el 13 de diciembre de 1828, a los 41 años,
por orden del unitario Juan Galo de Lavalle quién lo había derrotado poco antes
en la Batalla de Navarro iniciada el 9 de ese mismo mes.
Manuel Dorrego había
sido gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1820 y nuevamente a partir
de 1827 hasta su derrocamiento y posterior fusilamiento a manos de quién pasara
a la historia como “la espada sin cabeza”.
Manuel Dorrego era hijo menor
entre cinco hermanos del comerciante portugués José Antonio do Rego, de quién
luego se castellanizó el apellido y de María de la Ascensión Salas. En 1803, a
los quince años, ingresó en el Real Colegio de San Carlos y luego se trasladó a
Santiago de Chile para estudiar jurisprudencia en la Real Universidad de San
Felipe. Fue allí donde hizo su debut en las luchas populares a partir de 1810.
Como
líder de la agrupación estudiantil de esa casa de altos estudios se convirtió
en una figura clave de esas luchas populares que dieron lugar a la destitución
del gobernador español Francisco Antonio García Carrasco por una asamblea de
vecinos de la ciudad. Durante la misma tanto él como sus condiscípulos se
instalaron como actores fundamentales al grito de “¡Junta queremos!”. Todo en
el marco de una vivencia social que no expresaba un claro rechazo al
colonialismo español.
Fue también el final de su carrera universitaria. El
joven revolucionario dejó su carrera como futuro jurista y pasó a interesarse
por la de militar llegando rápidamente al grado de capitán demostrando una gran
valentía aunque no faltaron los que lo calificaron como díscolo y exaltado a la
hora de los combates. En su nueva misión, mientras en sus pagos se produjo la
Revolución de Mayo, él tuvo una importante participación en la represión del
alzamiento españolista liderado por Tomás de Figueroa quién luego fuera
ejecutado por los patriotas chilenos. Luego de ello regresó a la Argentina al
frente de unos 400 refuerzos para continuidad del proceso revolucionario a los
que trasladó durante cuatro cruces a la Cordillera de Los Andes entre febrero y
marzo de 1811 con el apoyo del mendocino Juan Inocencio Martínez de Rozas, por
entonces cabeza de la Junta de Gobierno trasandina.
Designado por Cornelio Judas Tadeo de Saavedra, el titular de la Primera
Junta, como parte del llamado Ejército del Norte, oficialmente Ejército
Auxiliar del Perú, luego comandado por Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón
de Jesús Belgrano, intervino con el grado de mayor y tuvo una importante
participación en los combates de Sansana, Nazareno y Amiraya. Durante el
desarrollo de ésta sufrió dos heridas y al cabo de la misma fue ascendido a
teniente coronel. Al asumir el mando Belgrano éste lo ascendió a coronel rango
que mantuvo durante sus restantes diecisiete años de vida ya que no aceptó
ascensos que no estuviesen justificados por intervenciones en acciones bélicas.
Se
desempeñó como jefe de la infantería de reserva en las batallas de Tucumán, 24
de septiembre de 1812, y Salta, 20 de febrero de 1813, en la que uno de los
primeros jefes que tomaron el centro de la ciudad. A raíz de su temperamental
personalidad tuvo problemas con Belgrano quién lo terminó arrestando y
separando del ejército de manera que no participó en la Segunda Expedición
Auxiliadora al Alto Perú. Belgrano luego reconoció su error al decir que si
hubiese participado Dorrego no se habrían perdido las batallas de Vilcapugio y
Ayohuma. Reincorporado a las filas del Ejército del Norte fue clave para
garantizar su retirada para la cual comandó las guerrilas gauchas dando
comienzo a la Guerra Gaucha. Sin embargo sus problemas con Belgrano hicieron
que al asumir el mando José Francisco de San Martín éste no lo incluyera en la
tercera campaña al Alto Perú.
Vuelto a Buenos Aires en mayo de 1814 quedó a
las órdenes de Carlos María de Alvear en circunstancias en que se desató la
lucha entre unitarios y federales. Así es que a las órdenes del Directorio de
las Provincias Unidas del Rio de la Plata fue enviado a luchar contra Artigas,
el caudillo de la Banda Oriental. Se trató de una campaña inicialmente exitosa
pero finalmente concluida con una derrota que dio a los federales el manejo de
ese territorio. Un conflicto que lo ayudó fundamentalmente a acercarse a la
visión federal que por entonces era algo impensado en la capital del ex
virreinato donde en 1815 se casó con Ángela Baudrix con la que tuvo dos hijas.
Asumió
una postura contraria al Directorio liderando un sector opositor que también
integraban Manuel Moreno, Pedro José Agrelo, Domingo María Cristóbal French,
Vicente Pazos Kanki, Manuel Vicente Pagola y Feliciano Antonio Chiclana, entre
otros. Un grupo republicano que se oponía a la postura de algunos directores
que pretendían importar un príncipe europeo para coronarlo como monarca.
También opuesto a la búsqueda de una alianza con Portugal, planteada por Juan
Martín de Pueyrredón para combatir a los federales de la Banda Oriental.
Pueyrredón
lo desterró a Santo Domingo en un barco británico pero él logró llegar a
Baltimore, en los Estados Unidos de América adonde también llegaron otros
expulsados de Buenos Aires como los ya mencionados opositores al Directorio. En
Baltimore se contactó con los corsarios de Artigas que operaban desde allí y
con el marino franco-argentino Louis Michel Aury, clave en la independencia de
los actuales países centroamericanos que no casualmente, con una sola excepción,
todos tienen, con variantes formales, sus enseñas nacionales copiadas de la
bandera argentina. Fue allí donde terminó de consolidar su visión federal que
aplicó a su regreso a la Argentina.
Ante el fin de la era Dictatorial y la
aparición de la Anarquía del Año XX se produjo ese regreso en el mes de abril
de 1820. Recuperó su grado de coronel y quedó al frente de un batallón y el 29
de junio asumió como gobernador interino tras la derrota de Miguel Estanislao
Soler, el entonces gobernador, ante el santafesino Estanislao López en la
batalla de Cañada de la Cruz. Salió Dorrego a perseguir a López y sus aliados a
los que venció en San Nicolás de los Arroyos y pasó a Santa Fe donde venció en
Pavón pero luego fue derrotado sin remedio en la Batalla de Gamonal.
En tanto
la Sala de Representantes de Buenos Aires designó gobernador titular a Martín
Rodríguez por lo que él se retiro a una quinta en San Isidro. Poco después, en
octubre, Pagola encabezó una fallida sublevación de la que no participó pero
igual fue deportado a la Banda Oriental de donde pudo regresar cuando se
decretara la “Ley del Olvido” en noviembre de 1821. En 1823 fue decisiva su
acción para derrotar la “Revolución de los Apostólicos” encabezada por Juan
Gregorio García de Tagle contra las reformas rivadavianas que, entre otras
cosas, habían quitado bienes a la Iglesia Católica.
Asumió luego el liderazgo
de la oposición federal a Rivadavia y como tal ingresó a la legislatura
bonaerense en octubre de 1823. Era el representante de los gauchos y de los
pobres porteños y, a través de su hermano, había una relación familiar de
negocios con Juan Manuel de Rosas. Fue muy fuerte su presión para que el
gobierno declarase la guerra al Imperio del Brasil por su ocupación de la Banda
Oriental y luego, fracasado ello, apoyó la campaña de los Treinta y Tres
Orientales.
A raíz de un negocio de minería viajó al Alto Perú y allí participó
de unas reuniones de representantes de las Provincias Unidas con el libertador
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar durante las cuales aquellos
lograron recuperar la provincia de Tarija luego cedida a Antonio José Francisco
de Sucre para la creación de Bolivia. A su regreso trabó relaciones con el santiagueño
Juan Felipe Ibarra quién lo designó representante de Santiago del Estero para
el Congreso Nacional de 1824. Su federalismo lo hizo disentir con las posturas
de Rivadavia, al igual que cuando se sancionó la Constitución de 1826 de
carácter unitario.
Su oposición, con el apoyo de las provincias, hizo que
Rivadavia debiera renunciar a la presidencia y fuera reemplazado por Vicente
López y Planes tras el repudio que causara el tratado de paz con el Imperio del
Brasil después de haberlo derrotado cuando éste invadiera la Banca Oriental. Dorrego,
en agosto de 1827 asumió como gobernador bonaerense y en esa circunstancia
declinó su nombramiento como general por considerar que no lo había ganado en
un campo de batalla. Cabe señalar que en julio de 2015, a instancias de la presidenta
Cristina Elisabet Fernández, el Congreso de la Nación le otorgó post mortem el
ascenso a general.
Desde su función de gobernador de la Provincia de Buenos
Aires intentó dar al país una organización federal. Ya en un comienzo todas las
restantes provincias le otorgaron el manejo de las relaciones exteriores, algo
que ya, parcialmente, habían hecho antes con Juan Gregorio de Las Heras y que
luego reiteraron con Rosas. Con ese manejo intentó adoptar decisiones que
debilitaran al Imperio del Brasil impulsando secesiones de los estados sureños
del mismo pero la presión de los británicos lo impidió y se debió aceptar una
paz que terminó implicando la independencia de la Banda Oriental, la actual
República Oriental del Uruguay, algo a lo que se oponía Artigas partidario de
la integración a la Argentina.
Al regresar el ejército desde el Brasil un
grupo de generales decidíó derrocar a Dorrego. El primero de diciembre Lavalle
encabezó el alzamiento y él optó por ir hacia el sur y solicitar apoyo a Rosas,
comandante de campaña pero éste no lo hizo y le sugirió que se fuera a Santa Fe
a apoyarse en Estanislao López. Finalmente trató de frenar a Lavalle en Navarro
pero fue derrotado y cuando huía hacia el norte fue apresado por José
Bernardino Buenaventura Escribano y Mariano Antonio Acha quienes lo entregaron
a Lavalle quién de inmediato ordenó su fusilamiento. Quienes quisieron evitar
su muerte fueron los unitarios José Miguel Díaz Vélez y el almirante Guillermo
Brown, por entonces gobernador delegado, y quién permaneció junto a él hasta el
último momento fue el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, quién luego entregó a
su viuda Ángela y a sus hijas dos cartas y recuerdos que para ellas les había
dejado el condenado Dorrego. Hoy sus restos se encuentran en el cementerio
porteño de La Recoleta.
Todo su notable paso por este mundo fue estudiado por
el “Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano
Manuel Dorrego” creado el 17 de noviembre de 2011, de cuya Comisión Directiva
tuve el honor de participar, y clausurado en diciembre de 2015 a poco de
iniciarse la gestión presidencial de Mauricio Macri. En la actualidad, y con la
colaboración del lamentablemente fallecido Mario Alejandro Hilario Cafiero,
algunos de sus entonces integrantes reflotamos ese mismo propósito mediante la
creación de la cooperativa que lleva el nombre del coronel del pueblo Manuel
Dorrego y que preside el historiador rosarino Osvaldo Vergara Bertiche.

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